Hace algún tiempo que deseaba explorar la enorme influencia que tiene el dinero sobre el arte. Ya son bastantes los estudiantes de arte que me han abordado sobre este tema tan importante

 

Resulta evidente que el arte no tiene nada en absoluto que ver con el dinero. El coleccionista solamente compra la pieza pero no necesariamente pasa a “poseerla”. La persona sensibilizada artísticamente que visita un museo o galería puede “poseer” una pieza sin tener que llevársela para su casa. Me refiero a que por la misma naturaleza espiritual o abstracta del arte, es imposible disfrutar su esencia con solo comprar una pieza de arte. El fenecido artista norteamericano Robert Henri, líder del “Ash Can School” le decía a sus estudiantes que “el hombre que cree que el dinero es el motivo, se está engañando a sí mismo”. Cada día que pasa se hace más necesario que los artistas pensemos en la verdad que guardan estas palabras. Hoy en día una cantidad en aumento de artistas han perdido su verdadera razón de ser. El sistema económico se los ha tragado y ha provocado que se engañen ellos mismos. Estos son más comerciantes que artistas pues sus obras se han convertido en productos iguales a los que se encuentran en los centros comerciales. Igual que lo que ocurre con otros productos, sus productos compiten por la atención y el dinero del consumidor. Sus productos se convierten en adornos del momento cuya profundidad solo reside en el bolsillo del cliente. Se trata de conseguir una fórmula fácil y rápida, copiando estilos de artistas famosos y que en su momento causaron cierta atracción, tirando o estrujando pintura sobre la tela. Luego se le vende el producto a un cliente insospechado.

 

Es lamentable ver como el niño que habitaba en el artista, con el pasar de los años se degenera hasta perder la libertad de crear para él mismo. Se ha olvidado que el arte ofrece la recompensa en el mismísimo acto de creación. Quizás el niño que quería ser artista se frustró por no encontrar quien le orientara o tal vez por no querer practicar lo suficiente hasta encontrar su corazón en el trabajo y tomó, como la electricidad, la línea de menor resistencia. Y es que hacer buen arte no es un camino fácil. Requiere mucha práctica y estudio. Pero sobre todo, vocación o sea amor por el arte.

 

Cuando pintamos para nosotros mismos en vez de para el cliente corremos el riesgo de que este no se interese por nuestra obra. Pero en el arte como en la vida, la honestidad es el mejor camino. Y la integridad siempre es admirada por su consistencia. La obra de la persona sincera nos conmueve. De la misma manera que en la vida las personas deshonestas se conocen a la corta o a la larga, también en el arte lo que no es sincero se conoce por la falta de sensibilidad en la manera en que se trata el medio. Siempre existe cierta mecanicidad y previsibilidad en el arte que ha sido realizado sin suficiente entrega. Es triste ver pinturas sacadas como en una línea de producción donde después de ver una sola, se les han visto todas. El dinero nunca debe de comprar la consciencia del artista. Por naturaleza, el verdadero artista siempre es un rebelde y filósofo. Nunca está a la venta del mejor postor.

 

Nota: Este pequeño ensayo originalmente estuvo unido a otro ensayo relacionado a la naturaleza del arte. Agradezco a mi hija Miriandra por sugerir que los separara  en dos ensayos para que hubiese una mayor claridad en las ideas.

Etiquetas: arte, dibujo, dinero, pintura

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