por Ivette Fred-Rivera, Ph. D.

“Debéis, en primer lugar, conocer la naturaleza humana y sus vicisitudes, ya que nuestra naturaleza de antaño no era la misma que la de ahora, sino distinta … eran tres los sexos de los hombres, no dos como ahora, masculino y femenino, sino que había además un tercero que era común a esos dos, del cual perdura aún el nombre, aunque el mismo haya desaparecido. El andrógino, en efecto, era entonces una sola cosa en cuanto a figura y nombre, que participaba de uno y otro sexo, masculino y femenino, mientras que ahora no es sino un nombre que yace en la ignominia.” (Platón, El Banquete)


La obra plástica de Andrés Rodríguez Santos se ha caracterizado por exaltar la sexualidad como una condición natural, a contrapelo con la tradición occidental judeo-cristiana, que debido a los tabúes sexuales, condena la genitalia, su disfrute y su representación. La sexualidad frontal expresada en su obra es una respuesta a esta hipocresía puritana.


Andrés Santos Rodríguez


Esta muestra me recuerda las palabras citadas del personaje de Aristófanes en su famoso mito del Banquete, diálogo dedicado a una reflexión filosófica sobre Eros, dios del amor y la sexualidad en la mitología griega. Según Aristófanes, el andrógino (del griego andros-hombre y gino-mujer) era redondo, con cuatro brazos, cuatro piernas, dos caras en la cabeza y dos órganos sexuales diferentes. El mito de Aristófanes nos invita a la formación de cuerpos alternos.


También pienso en la India donde el arte religioso es de una simbología profundamente erótica: “La adoración del falo como símbolo de la energía creadora ha sido fundamental para prácticamente todas las culturas del mundo, y una fuerte tradición de arte fálico existe en toda la India, Egipto, Grecia y el norte de Europa … El desprecio de este emblema sagrado, así como la degradación y el menosprecio por el mismo, empuja al hombre a alejarse de la realidad divina. Esto provoca la ira de los dioses y lleva al descenso de la especie humana. El hombre que desprecia el símbolo del principio de la vida abandona a los de su clase a los poderes de la muerte. " (Daniélou, The Phallus)



A diferencia de Aristófanes y Platón, que consideraban al andrógino como un ser inferior a los otros dos sexos, o a diferencia del lingam y el yoni de la India (representaciones sagradas de lo masculino y lo femenino, respectivamente) que aparecen indisolublemente unidos, pero manteniendo sus diferencias, la propuesta de Rodríguez Santos integra los sexos, o los mezcla. De hecho, su obra es un estudio formal, un ars combinatoria, de partes del cuerpo humano y su fusión con las del animal, relacionándose así con la obra de Hans Bellmer y Francis Bacon. 


En esta exposición, el artista se concentra en el uso del fetiche. El acto de fetichizar, al separar las partes del cuerpo, es otra manera de simbolizar la sexualidad en todas sus complejidades, variaciones, sin disimulos, sin vergüenza. Además, su obra acentúa la magia del fetiche como un talismán que protege a quien lo posee. El fetiche extiende y expande el potencial expresivo y comunicativo de la obra plástica. La obra de arte se convierte en fetiche. 

Rodríguez Santos se ha interesado en la representación del fetiche y su relación con otras prácticas religiosas como el animismo y el totemismo como vemos en las obras “Jugando a la guerra con fetiches y fantasmas” y “Objeto sagrado”. El fetiche como metonimia privilegia a una parte del cuerpo (u objeto) separándola del todo, al cual sustituye –el falo, los dedos, entre otros– resultando en una paradoja que objetualiza al sujeto a la vez que lo sacraliza. Al romper con el tabú, se enseñan imágenes fálicas, genitales, porque son las más que nos duelen a la vista. La distinción propuesta por Jacques Lacan entre la disparidad del poder simbólico del falo y la condición moral y corporal del pene es evidente en la obra artística de Rodríguez Santos. 

El artista utiliza la estructura del altar al centralizar la figura. Es en el altar donde está contenido el objeto sagrado, la teta, la nalga, la uña. Las uñas rojas, los dedos, lo fálico son parte de la original iconografía de la obra de nuestro artista. Las uñas hacen referencia a la importancia del tacto, la rascaera … El pie, el tobillo, llaman la atención por su forma. Es en el tobillo donde se coloca la pulsera, donde se dibuja el tatuaje que narra historias en la superficie del cuerpo, construyéndose así fetiche sobre fetiche. 


Todo su trabajo es premeditado, no una asociación libre de ideas. Por eso no hablaría primordialmente ni de sueño ni de surrealismo en su obra. Es una fantasía bien calculada en su vigilia: un soñar despierto de formas insólitas, y cómo las resuelve en el espacio de la obra. 
Esta exposición se caracteriza por la frontalidad de las imágenes en un espacio abierto, por el contraste entre la neutralidad de colores ocre y el dinamismo de colores brillantes; por el detalle en el diseño del estilo, por la combinación arbitraria de las partes corporales, y los tentáculos que confieren el movimiento; además, el contraste entre superficies lisas y texturadas, o mate y brillosas como en la obra “El hombre arcoiris”. El artista juega con poner lo derecho de manera invertida; lo vertical, lo erecto, en forma horizontal, con las trasposiciones como en la pieza “Lugar sagrado”. 


Muestrario de fetiches, como nos advierte “Juguete para adultos”. En su obra trabaja con el humor. En la pieza “Isla”, el sitio más aburrido del cuerpo es la espalda, por eso la entierra. Lo entretenido comienza de nuevo en la nalga. Sus imágenes no son para excitar sino para incitar una nueva experiencia estética. Entiendo que la propuesta de Rodríguez Santos es que lo sagrado es la sexualidad.


Andrés Santos Rodríguez

Nace en Yauco, 1949 Temprano en su niñez, Andrés conoció a Cecilia Cátala, quien lo orientaría sobre pintura y dibujo hasta la escuela superior. Estando en la Escuela Superior de Yauco, le fue otorgada una beca de talento por la Fundación Ferré. En la obra de Rodríguez Santos hay una maravillosa creación de imágenes: el resultado final es un conjunto de ideas misteriosamente plasmadas en una superficie que dejan ver lo que el artista lleva dentro. Logra en su obra la interacción entre el artista y el espectador y el producto terminado es una interesante combinación de arte-expresión. Sus dibujos están ejecutados en carbón sobre una superficie brillante de papel cromo, empleado comúnmente para la impresión de ilustraciones. Es un alarde técnico del artista, lograr por medio de frotaduras, fijadores y otras combinaciones, una textura granulosa que a veces dala impresión de ser un aguafuerte. Su obra ha sido reconocida en diversos escenarios. Entre los reconocimientos más importantes que ha recibido Andrés Rodríuguez Santos, se encuentran: *1986: Primera Mención en Grabado, Certamen Revista Sin Nombre, Puerto Rico. *1981: Primer Premio en Dibujo, Ateneo Puertorriqueño. *1980: Mención de Honor en Dibujo, Certamen Revista Sin Nombre, Puerto Rico. *1976: Primer Premio en Dibujo, Certamen en Homenaje a Francisco Oller, United Federal, Puerto Rico. *1975: Primer Premio en Dibujo, Ateneo Puertorriqueño. *1973: Mención de Honor en Dibujo, Ateneo Puertorriqueño. *1971: Primer Premio en Acuarela, Ateneo Puertorriqueño.1967



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Etiquetas: Andrés Santos Rodríguez, Ivette Fred-Rivera, Ph. D.

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